Desde que nací (Barcelona, 1981), había estado luchando por encontrar una etiqueta que me definiera laboralmente.

Durante tres años estudié Filosofía (UB, 2000 — 2002) y después me licencié en Derecho (UPF, 2009) y trabajé dos años en un despacho de abogados en plaza Urquinaona.

¡Me ahogaba! Lo dejé todo y trabajé como camarera y profesora de español mientras estudiaba algo que no me daba una etiqueta, pero me hacía feliz: Estudios Literarios (UB, 2013) y varios cursos de escritura creativa en Aula de Escritores en pleno barrio de Gracia. Sin saberlo, había empezado la primera de las mutaciones.

También hice un curso de Community manager y social media para hacer planes de comunicación online (Seeway, 2013).

Las ganas de crear y crecer no cesaron y fundé Talleres del texto (Sitges, 2014), mi escuela de escritura móvil, en la que doy clases de narrativa, relato, novela… y llevo la comunicación. ¿Por qué móvil? Porque me permite no soportar gastos de estructura, llenar espacios que cada vez están más vacíos, como las librerías, y llevar la literatura a cualquier parte, ¡incluso a los chiringuitos de la playa!

Cuando me gradué, me pusieron un taburete delante para que viera con perspectiva y eligiera qué hacer. Hice un máster en Edición (UAB, 2015). Trabajé en varias editoriales como escritora fantasma, redactora, coordinadora editorial o community manager. Como extra, escribía biografías para particulares. Este trabajo me hizo conocer a gente muy interesante que siempre hablaba de pensar en grande. Y grande no siempre es más dinero, o más éxito social… Lo grande también es más felicidad, más buenos amigos, más plenitud, más creatividad…

Las ganas de seguir ampliando esa etiqueta para que al final dejara de serlo crecían y fue cuando hice un máster que me cambió la vida: Dirección de comunicación (UPF Barcelona School of Management, 2017). Se puso en marcha la segunda de las mutaciones; esta, de forma consciente.

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Me lancé a lo que para mí entonces era el abismo de los autónomos. Aceptaba —y sigo haciéndolo— trabajos que no puedo definir bajo un mismo título. Casi todos tienen relación con la cultura, pero para algunos diseño planes de comunicación, para otros redacto contenidos de marca, para algunos creo páginas web y para otros gestiono redes sociales.

Finalmente, he entendido que jamás encontraré una sola etiqueta que me defina, pero que, de algún modo, las palabras, jugar con las palabras para llegar a un público, a un cliente, a un lector… es lo que me define y en ese aspecto nunca dejaré de mutar a partir de una nueva formación o de un nuevo trabajo. Es necesaria la misma estructura o la misma estrategia para crear un castillo de palabras que transmita tu producto, tu servicio o tu libro y seduzca al destinatario. ¡Claro! Después llegan los diseños, los colores, las músicas… pero en el fondo todos somos palabras, palabras colocadas estratégicamente una al lado de la otra.